Ladrones de oro


Primera fase: Información.

Hace poco vi un capítulo de una serie periodística sobre los ladrones en ley, unos hijos de la gran puta que se dedican a robar oro a la gente, a comisión de los ladrones jefes, que les indican los objetivos y les compran el oro robado una vez fundido para dificultar a la policía el rastreo y la devolución a sus legítimos propietarios. En esa serie faltó el cómo los ladrones jefes seleccionan sus objetivos, y eso es lo que estás ahora mismo leyendo.

Tienen cómplices dentro. Dentro de las tiendas que venden oro de inversión, dentro de las asesorías que les llevan los papeles a esas tiendas de venta de oro, y dentro de las mensajerías caranchoa que acarrean el oro. Por increíble que pueda parecer, hay muchísimos incautos compradores que compran oro por internet y dan sus datos reales: su nombre real, su domicilio verdaderos, su NIF, su número de móvil... ¡están locos!

¿Y cómo meten a esos cómplices en el negocio? Muy fácil: buscan personas que acepten los sueldos de mierda que la mayoría de las empresas pagan, y se lo complementan bajo cuerda con un generoso sobresueldo en negro (ahora al negro se le llama subsahariano) a cambio de información sobre los compradores.

Comprar oro dando tus datos reales es un enorme riesgo de seguridad pues las mafias que no tienen infiltrados, pueden hacer algo tan simple y barato como seguir a los caranchoas que llevan paquetitos remitidos por joyería el gibraltarano, por ejemplo, y marcar el domicilio donde se hace la entrega del paquetito, para que el grupo de ladrones en ley encargado de la inteligencia, vigile esa casa y los horarios de entrada y salida de todas las personas que a ella accedan. Con esa información, ya los locksmith bumping boys se encargan del resto. Da igual lo escondido que esté el oro en casa, porque llevan detectores de metal específicos para oro.

El oro hay que comprarlo con total discreción, a ser posible en otra ciudad, pagarlo siempre en efectivo y por supuesto no dar ni nombre, ni domicilio, ni NIF, ni teléfono, ni comentar ningún detalle que nos pueda identificar en un futuro. Hay que actuar en todo momento, como si sospecháramos que el vendedor va a venir luego a robarnos el oro.

Segunda fase: Vigilancia.

Un coche estratégicamente aparcado frente al domicilio del tontolaba que compró el oro por internet, para hacerse con los rostros, horarios y rutinas de los residentes. Caso de edificios, el reconocimiento facial de caralibro, ayuda.

Tercera fase: Robo propiamente dicho.

A cargo de ladronzuelos especializados en cerrajería y técnicas de bumping.

Cuarta fase: Transporte.

Para dificultar la acción de la policía, se funde el oro en barritas con un soplete sobre cualquier molde como por ejemplo un ladrillo, y se obtienen barritas de oro con impurezas de las distintas aleaciones. Esas barritas se meten en el radiador del coche, para no tener problemas de posibles registros en el transporte a las instalaciones del ladrón jefe.

Quinta fase: Venta.

A los peristas habituales de la banda, los cuales dan fácil salida al oro tanto en Rusia como en los países de la jarabia. Quinta fase: Venta.

Sexta fase: Blanqueo.

Comprar por todo el mundo, fincas y vehículos deportivos de colección.


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